Despertar a su lado, sus primeras carcajadas, los juegos en la cama, la lactancia…
Sí, si. Todo suena genial, sobre todo cuando te lo imaginas, antes de enfrentarte a la realidad de ser madre.
Pero cuando tu hijo nace, pasan las semanas y los meses y empiezas a ser consciente de que es para toda la vida y de que tu atención no puede estar las 24 horas del día en ese bebé.
Porque necesitas sentirte realizada. Trabajar y ser independiente.
Aunque por otra parte te da pena incorporarte a tu puesto después de la baja maternal, o ponerte a buscar un empleo para pasarte el día fuera de casa y apenas ver a tu hijo.
Ahí es cuando te das cuenta de que ya nada va a ser igual, vas a perder más de 8 horas al día, más de 40 horas a la semana, más de 160 horas al mes…
… ¿sabes en que se traduce eso?
En que irremediablemente vas a perderte muchas «primeras veces» de tu hij@.
La primera vez que dice «MAMA», la primera vez que anda, la primera vez que va al baño…
Y tu lo haces por su bien,
porque crees que no hay otra manera de hacerlo,
pero créeme que la hay.
No tienes que cambiar el crecimiento de tus hijos por dinero.